Las manos que dan forma a cada hornada

Somos un equipo pequeño de torneros, esmaltadores y aprendices que trabaja en un taller mediterráneo de fondos crema y arcilla, con luz de mañana y verdes oliva suaves. Aquí nadie corre: cada pieza pasa por varias manos antes de entrar al horno.

Orofino team

El torno y el gesto

Torneamos a mano cada plato, cuenco y jarra. No buscamos la repetición exacta: el grosor cambia un poco entre piezas y eso se ve al sostenerlas. Es parte del oficio, no un defecto.

Esmaltes sin plomo

Preparamos las mezclas en el propio taller y las probamos en piezas de prueba antes de cada hornada. El acabado mate o brillante se decide según la colección y el uso que le vayas a dar en la mesa.

Cocción a 1240 °C

Controlamos la curva del horno eléctrico pieza a pieza. La posición dentro del horno influye en el tono final, así que dos unidades de la misma serie pueden diferir ligeramente.

Con quién trabajamos

Hacemos series cortas por encargo para restaurantes pequeños que quieren una vajilla reconocible, para tiendas de barrio que buscan piezas de autor y para regalos personalizados con grabado en la base. Nos gusta saber para qué mesa va cada pieza antes de empezar.

Cómo nos comunicamos

Explicamos cómo se hace cada objeto, qué esperar de una pieza torneada a mano y cómo cuidarla. Reponemos hornadas cada dos semanas y avisamos por correo cuando vuelve una pieza agotada. Sin prisas comerciales ni promesas de stock infinito.

Cómo llegamos hasta aquí

Orofino no empezó con un plan de negocio, sino con un torno de segunda mano en un bajo con poca luz. Estos son los momentos que han ido marcando el taller y las decisiones que seguimos manteniendo hoy.

  1. Primeros años

    Un torno y una mesa de cocina

    Empezamos torneando cuencos sueltos para casa y para amigos. Las primeras hornadas salían con esmaltes que no acabábamos de controlar, y aprendimos a leer el color del barro antes de decidir si una pieza merecía quedarse.

  2. El cambio de esmalte

    Dejar el plomo fuera del taller

    Fue una decisión incómoda: hubo que reformular recetas y repetir pruebas durante meses. Adoptamos esmaltes de plomo libre porque queríamos piezas que pudieran usarse a diario en la mesa, no solo mirarse en una estantería.

  3. El horno eléctrico

    Fijar la cocción a 1240 °C

    El horno eléctrico nos dio algo que el gas no: repetición de curva y menos humo dentro del taller. Aprendimos a colocar las piezas según la zona del horno, porque de eso depende el tono final del esmalte.

  4. Encargos de barrio

    Restaurantes pequeños y tiendas

    Un restaurante de barrio nos pidió veinte jarras con su nombre grabado en la base. Aquello nos enseñó a trabajar por series cortas, con plazos realistas y con la idea de que cada local tenga su propia vajilla, no una copia de catálogo.

  5. Ritmo de reposición

    Hornadas cada dos semanas

    Dejamos de prometer stock infinito. Preferimos avisar por correo cuando vuelve una pieza agotada y mantener un ritmo de hornadas que nos permita mirar cada objeto antes de embalarlo.

  6. Hoy

    Un taller con luz de mañana

    Seguimos torneando a mano, aceptando las variaciones mínimas de grosor y tono como parte del oficio, y explicando a quien empieza una colección de mesa cómo cuidar cada pieza en casa.

Quién nos acompaña

El taller no trabaja solo. Restaurantes pequeños, tiendas de barrio y proyectos de mesa confían en series cortas torneadas a mano, con grabado en la base y reposición cada dos semanas. Estas son algunas de las casas y oficios con los que compartimos hornada.

Si llevas un local pequeño o una tienda de barrio y quieres una serie corta con grabado en la base, cuéntanos el uso y el número de piezas. Reponemos hornadas cada dos semanas y avisamos por correo cuando vuelve una pieza agotada.

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