Cada uno reconoce su pieza
Al ser series cortas, el tono y la textura cambian entre hornadas. Eso hace que el cuenco de uno no se confunda con el del otro, ni siquiera en un desayuno con prisa.
No hace falta un juego completo ni piezas iguales. Estas son las razones por las que una vajilla torneada a mano termina quedándose en el día a día familiar.
Al ser series cortas, el tono y la textura cambian entre hornadas. Eso hace que el cuenco de uno no se confunda con el del otro, ni siquiera en un desayuno con prisa.
Los cuencos pequeños van bien para los niños y para el aperitivo; los grandes, para ensaladas y fuentes que se llevan a la mesa y se comparten.
Una jarra mate junto a platos brillantes, o un plato de una hornada antigua con otro reciente. La mesa gana carácter cuando no todo es idéntico.
Con gestos sencillos, la cerámica artesanal convive con las comidas de cada día. No es una pieza de vitrina: está pensada para usarse y lavarse.
Reponemos hornadas cada dos semanas. Si se rompe algo que ya tenías, hay posibilidad real de recuperar una pieza parecida, no una copia exacta.
No hay que comprarlo todo de golpe. La vajilla crece con la casa: una jarra hoy, unos cuencos más adelante, y así la mesa se va formando sola.
Si quieres ver el conjunto completo antes de decidir, puedes revisar las piezas disponibles del taller o escribirnos desde contacto para resolver cualquier duda.
En una casa se come a horas distintas y en raciones distintas. Un cuenco de 12 cm resuelve el desayuno de un niño; el de 15 cm, la ensalada de la cena. Puedes empezar por una jarra mate y añadir platos brillantes más adelante: al ser series cortas, cada hornada trae su propio tono y la mesa se va armando sin prisa.
Si buscas un regalo, en la página del taller explicamos cómo funciona el grabado en la base y los tiempos de reposición entre hornadas.
Si estás montando tu vajilla poco a poco, estas tres series se llevan bien entre sí: distintos acabados, mismos gestos de uso. Mira las fotos de detalle antes de decidir, porque cada hornada cambia un poco de tono.
Serie Olivo
Cuatro piezas torneadas a mano con esmalte mate verde apagado. El borde nunca sale idéntico entre unidades, y eso se agradece cuando cada uno reconoce su plato en la mesa.
Ver la Serie OlivoSerie Arcilla
Nueve, doce y quince centímetros con esmalte brillante color arcilla clara. Sirven para el desayuno, un aperitivo o el postre, y se guardan uno dentro de otro sin tambalearse.
Ver el catálogo completoSerie Horno
Cuerpo ancho, cuello corto y 1,2 litros de capacidad, suficiente para una mesa de cuatro. El asa se tira a mano, así que al verter se nota el gesto del taller.
Leer opiniones de la Serie HornoReponemos hornadas cada dos semanas. Si una pieza está agotada, avisamos por correo cuando vuelve a salir del horno.
En casa no hace falta un juego idéntico. Estas son las piezas que más se mezclan entre colecciones y acabados, con lo que conviene mirar antes de sumar una pieza a la mesa.
El verde oliva cambia según dónde se colocó la pieza en el horno. Por eso dos cuencos de la misma serie pueden no ser iguales, y eso es justo lo que permite que cada uno en la casa reconozca el suyo.
Los cuencos pequeños resuelven desayunos y raciones infantiles; los medianos, el aperitivo; los grandes, una ensalada para compartir. Apilados ocupan poco en el armario.
Una jarra de acabado mate junto a platos brillantes no desentona: al contrario, da a la mesa ese aire de piezas que se han ido sumando sin prisa, comida tras comida.